BioEscrow nació de una incomodidad concreta: en las mesas OTC, la identidad de quien confirma un contrato seguía dependiendo de claves, tokens o firmas que se pueden delegar. Cuando el volumen de una operación es alto, esa grieta administrativa pesa. Nuestro trabajo consiste en llevar la verificación al cuerpo de quien firma, con lectura de vena palmar y de retina integrada en el propio terminal de confirmación, sin añadir pasos que ralenticen el cierre.
No vendemos biometría como espectáculo. La tratamos como infraestructura: un patrón vascular que no se copia, una marca temporal que queda registrada y un flujo que el operador puede repetir cien veces al día sin fricción. Trabajamos con equipos de cumplimiento, mesas de negociación y áreas de riesgo que necesitan justificar cada liberación de escrow ante un auditor. Por eso documentamos los supuestos de fallo, las ventanas de reintento y los límites reales del sensor antes de proponer cualquier despliegue.
Identidad verificable por contraparte
Trazabilidad de cada confirmación
Integración sin reemplazar el contrato
Límites biométricos declarados